Blog

Cuando el sistema de seguros falla

Hay daños que no están cubiertos por el seguro agrario ni existe, de momento, una línea de ayudas públicas que compense unas pérdidas que ponen en riesgo la viabilidad de muchas explotaciones y que hemos pedido ya en reiteradas ocasiones desde Cooperativas Agro-alimentarias Extremadura y Hacex Extremadura.

La última campaña del tomate de industria en Extremadura ha dejado al descubierto una debilidad preocupante del sistema de seguros agrarios frente a los nuevos riesgos climáticos. Y esto es algo que vemos con preocupación, desde Cooperativas Agro-alimentarias Extremadura y desde su correduría de seguros, Hacex Extremadura, como buenos conocedores del terreno que pisamos.

Este año, el tomate de industria en Extremadura ha sufrido uno de los golpes más duros que se recuerdan y no por una mala decisión agronómica, ni por falta de profesionalidad de nuestros agricultores, sino por una combinación de factores climáticos extremos frente a los que el sistema de protección ha demostrado no estar a la altura.

Las altas temperaturas persistentes de este verano no han sido una anécdota meteorológica. Han sido un fenómeno excepcional, prolongado y perfectamente documentado: 41 días bajo ola de calor no son una circunstancia puntual, sino una señal clara de que el clima ha cambiado y de que la agricultura ya está pagando el precio. Temperaturas diurnas y nocturnas anormalmente altas han alterado el funcionamiento fisiológico de la planta, han impedido la fotosíntesis en momentos clave y han afectado directamente al cuajado del fruto. El resultado ha sido una caída generalizada de los rendimientos, especialmente en el tomate tardío, con pérdidas superiores al 25% respecto a la campaña anterior.

A esta situación se ha sumado un problema añadido, igualmente incontrolable para el agricultor. Las abundantes lluvias de mayo retrasaron los trasplantes más de un mes, exponiendo a las plantas jóvenes a un escenario térmico extremo desde sus primeros estadios. Esa combinación de humedad, calor y riego creó el caldo de cultivo perfecto para la aparición de un hongo, el Esclerotinia-Corticium, desconocido hasta ahora en esta magnitud en las Vegas Bajas del Guadiana. Un hongo que necrosa tejidos, colapsa el sistema vascular y acaba con la planta sin que exista tratamiento fitosanitario eficaz.

El daño ha sido devastador. Parcelas enteras sin poder recolectarse y otras con producciones inferiores a los 30.000 kilos por hectárea. En términos globales, más de 31 millones de kilos de tomate perdidos en la región. Pero más allá de las cifras, lo que hay detrás son explotaciones familiares, cooperativas y agricultores que lo han hecho todo bien y que, aun así, se han quedado completamente desamparados.

Y aquí es donde el sistema falla. Estos daños no están cubiertos por el seguro agrario. Tampoco existe, de momento, una línea de ayudas públicas que compense unas pérdidas que ponen en riesgo la viabilidad de muchas explotaciones y que hemos pedido ya en reiteradas ocasiones desde Cooperativas Agro-alimentarias Extremadura y Hacex Extremadura. Resulta difícil de explicar a un agricultor que contrata el seguro año tras año, que confía en él como herramienta básica de gestión del riesgo, que ante un fenómeno climático extremo, generalizado y demostrado, no tenga ningún tipo de respaldo.

Especialmente ante un dato revelador: en el tomate de industria en Extremadura, el grado de implantación del seguro roza el 99%. Pocos sectores pueden presumir de una responsabilidad colectiva semejante. Precisamente por eso, el sistema debe evolucionar al mismo ritmo que los riesgos a los que se enfrenta. No hablamos de cubrir malas prácticas ni decisiones individuales, sino de incorporar nuevas realidades climáticas que ya no son excepcionales, sino recurrentes.

Si el origen del daño es meteorológico, si es generalizado y si no es controlable por el agricultor, debe existir una cobertura, ya sea a través del seguro agrario o mediante mecanismos públicos extraordinarios. De lo contrario, estamos trasladando todo el peso de la adaptación al cambio climático al eslabón más débil de la cadena, que es además el que más hace contra el cambio climático.

La pregunta es sencilla y a la vez incómoda. ¿Qué ocurrirá si la campaña que viene se repite una situación similar? Muchos agricultores no podrán asumir otro golpe así. Y entonces ya no hablaremos solo de una mala campaña, sino de abandono de explotaciones, de pérdida de tejido productivo y de un impacto directo en el medio rural extremeño.

El seguro agrario sigue siendo una herramienta esencial y nadie lo discute. Pero para que siga siéndolo, debe dar respuestas a los problemas reales del presente, no a los del pasado. Porque cuando el clima cambia y el seguro no lo hace, el sistema deja de proteger y empieza a fallar. Y en agricultura, fallar tiene consecuencias que van mucho más allá de una cosecha.